Diez minutos, por favor

Artículo de Manuel AlcántaraArtículo de Manuel Alcántara publicado el 12/02/2004 en Diario de Cádiz y que ocho años después mantiene toda su vigencia en Andalucía, tal como se comprueba en la denuncia realizada el pasado mes de abril por los médicos de Villamartín (Cádiz)

Los pacientes españoles están obligados a tener mucha paciencia, pero a los médicos españoles se les exige la misma sublime virtud, que en mi opinión es la única que existe o, al menos, entra como ingrediente en todas las demás.

Ocurre que en nuestro próspero y convulso país, los enfermos que acuden a la Seguridad Social solo tienen cinco minutos para que el médico averigüe la dolencia que sufren, pero hay algo peor: que el médico disponga de idéntico tiempo para indagarlo. Las visitas en los consultorios son ¡hola y adiós! Si tanto  el doctor como el enfermo están bien educados tardan un minuto en saludarse y por lo tanto solo le quedan cuatro. Nadie tiene tanto ojo clínico como para diagnosticar una enfermedad sin echarle la vista encima al que la padece. A los médicos españoles se les pide, no ya que sean como don Gregorio Marañón, sino que sean como Rappel.

Aspiran los médicos, sino con toda la razón del mundo, sí con media, ya que la otra mitad corresponde a los enfermos, a que la entrevista dure el doble. Ambas partes afectadas se conformarían con que el encuentro durase diez minutos, que si bien no es suficiente para llegar a hacerse una idea aproximada de quién es el otro, basta para caerse simpático o antipático.

El llamado “acto médico” dura casi tan poco como el orgasmo, o sea, aproximadamente lo que dura la interpretación del himno nacional, y debiera durar lo que dura un partido de fútbol, excluido el descanso. Quienes van a la consulta solo tienen tiempo para decir donde les duele y quienes están allí, esperando ser consultados, apenas tienen tiempo para, una vez en posesión de esa pista, remitirles a un colega especializado en la zona.

Es una aspiración muy modesta que las relaciones médico-enfermo duren diez minutos, pero algo es algo y menos da una piedra en un riñón. Muy buenos fisonomistas tienen que ser los médicos para reconocer a sus pacientes. Claro que muchos de ellos no vuelven.

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